Análisis de las contradicciones del relato de Hijaoui y del fracaso de la prensa francesa

El ataque mediático contra el Reino de Marruecos y sus instituciones soberanas ha dejado de ser una sucesión de casos aislados o de errores profesionales pasajeros para convertirse en una línea editorial integral y sistemática. Esta tendencia refleja una profunda crisis en la manera de abordar el Marruecos actual, cuando no una voluntad latente de «domesticar» a un país que avanza con firmeza hacia una posición geoestratégica importante, marcada por la soberanía de sus decisiones políticas y de seguridad.

El último artículo publicado por el semanario francés *Le Canard enchaîné* sobre el llamado Mehdi Hijaoui constituye, quizás, un ejemplo flagrante de esta deriva. En su afán ciego por perjudicar la imagen de Marruecos, el periódico ha abandonado los principios elementales del periodismo de investigación riguroso para abrazar un relato endeble, plagado de contradicciones, basado en disparates y fantasías de un personaje que perdió su credibilidad hace tiempo.

Al desmenuzar el contenido de este artículo, queda patente la magnitud de la incapacidad francesa para comprender las dinámicas institucionales marroquíes y su recurso desesperado al «reciclaje» de rumores.

El espejismo del «superespía» y la fabricación de fuentes

El artículo de *Le Canard enchaîné* comienza construyendo un aura legendaria alrededor de su principal fuente, Mehdi Hijaoui, al describirlo como «el antiguo jefe de los espías que hace temblar a la Corona marroquí». Esta exageración dramática constituye el primer tropiezo del relato francés. ¿Cómo puede alguien que supuestamente ocupó un cargo sensible en la Dirección General de Estudios y Documentación (DGED) tener como únicos «secretos» una recopilación de historias gastadas que ya habían circulado por las redes sociales y los sitios de la oposición radical, la llamada quinta columna?

La prensa francesa, en su empeño por fabricar un «héroe» opositor, ignora deliberadamente los antecedentes penales y el verdadero perfil de sus fuentes. Según diversos informes, personas de este tipo estarían implicadas en casos de estafa y fraude. Presentar a un fugitivo que busca regularizar su situación de asilo mediante la venta de ilusiones como un «depósito de secretos que amenaza al Estado» refleja la bancarrota de los criterios de verificación periodística.

Si Hijaoui poseyera realmente información de inteligencia de valor, el periódico no habría necesitado rellenar su artículo con historias antiguas y personajes desgastados sin conexión lógica entre sí. O, al menos, habría obtenido una historia nueva o una exclusiva que aportara algún elemento novedoso a un relato periodístico ya agotado.

El mito del «Guantánamo de Temara» y el absurdo del caso Zakaria Moumni

Las contradicciones del artículo alcanzan su punto culminante, casi cómico, cuando aborda el caso del estafador Zakaria Moumni. El relato francés, citando a Hijaoui, sostiene que Moumni, quien solicitó la intervención del monarca para obtener un puesto de carácter económico, fue detenido y torturado en un «centro secreto de la Agencia Central de Inteligencia estadounidense (CIA) en Temara, utilizado como anexo de Guantánamo».

Esta afirmación constituye una ofensa a la inteligencia del lector y una contradicción flagrante con la lógica geopolítica. Los centros secretos de interrogatorio de la CIA, vinculados al contexto posterior a los atentados del 11 de septiembre, estaban destinados a dirigentes de Al Qaeda y a importantes terroristas internacionales.

¿Cómo puede entonces el periódico afirmar, basándose en los disparates de Hijaoui, que los servicios de inteligencia marroquíes y estadounidenses movilizaron una instalación de semejante envergadura y nivel de secreto para detener a un boxeador aficionado y desconocido, cuyo único delito habría sido extorsionar al Estado mediante exigencias de empleo privilegiado? Se trata de un insulto evidente a la inteligencia del lector francés, antes incluso que a la del marroquí.

La inclusión del nombre del señor Abdellatif Hammouchi en esta historia hollywoodiense fabricada pone de manifiesto el verdadero objetivo del artículo: un intento desesperado de atacar a una figura de la seguridad marroquí que goza de amplio respeto y reconocimiento internacional por su competencia en la lucha contra el terrorismo y el crimen organizado, asociando su nombre a relatos de tortura imaginarios que no se apoyan en ninguna prueba material.

Desconocimiento de la estructura del Estado y fabricación de «luchas palaciegas»

En un intento barato de conferir al artículo un aire de «intriga política», el periódico francés recurre a un vocabulario orientalista ya superado. Describe al consejero del rey, el señor Fouad Ali El Himma, como «virrey» (*vice-roi*), y atribuye al señor Abdellatif Hammouchi el título de «jefe de las policías del Reino» (*chef des polices du royaume*).

El uso de estos términos vagos, que a primera vista puede parecer inocente, revela una visión limitada de la organización del Estado marroquí y, posteriormente, un profundo desconocimiento —o una ignorancia deliberada— de la naturaleza de las instituciones constitucionales y jurídicas del Marruecos moderno. Los organismos de seguridad y los órganos consultivos están sujetos a una jerarquía institucional clara, con competencias definidas, y no a un sistema feudal como pretende retratarlo la prensa francesa.

Lo que aumenta aún más la fragilidad de este relato es la justificación que Hijaoui ofrece de su propia «caída». Su afirmación de que apostó por el caballo perdedor en 2021 al manifestar su apoyo a los «hermanos Azaitar», provocando así la ira de los dirigentes del Estado, representa el colmo del absurdo. ¿Cómo podría un «alto responsable de inteligencia» vincular su destino profesional y sus relaciones dentro de un organismo sensible a un conflicto imaginario con personajes mediáticos que carecen de cualquier peso institucional?

Ceguera estratégica y complejo ante el éxito marroquí

La utilización indiscriminada de las historias de Mehdi Hijaoui por parte de *Le Canard enchaîné* no puede analizarse al margen del contexto más amplio de la crisis silenciosa que atraviesan las élites mediáticas francesas en su relación con Marruecos. Esta incapacidad mediática es, en realidad, el reflejo de una ceguera estratégica francesa que se niega a aceptar la autonomía de la decisión marroquí, el éxito del Reino en la diversificación de sus alianzas y la fortaleza de sus servicios de seguridad, que hoy exportan su experiencia a grandes potencias.

En lugar de ofrecer análisis objetivos sobre las transformaciones geopolíticas de la región, la prensa francesa ha elegido el camino fácil: convertir sus páginas en plataformas para ajustar cuentas mediante la adopción de voces frustradas, mercenarios o fugitivos de la justicia.

El intento de demonizar las instituciones marroquíes mediante mitos como el «anexo de Guantánamo» o supuestas luchas de influencia ya no convence a nadie. Al contrario, confirma una sola cosa: el relato francés contra Marruecos ha agotado todas sus cartas y se alimenta ahora de disparates que no resisten las reglas más elementales de la razón y la lógica. Hoy necesita urgentemente una nueva visión de Marruecos, si realmente no quiere perder al último aliado estratégico en el que puede confiar en África y Oriente Medio.

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